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En 1900, Rubén Darío hizo un pequeño viaje por París e Italia y este recorrido quedó registrado en Peregrinaciones. Acá encontrarán una serie de crónicas sobre estos viajes, que incuyen visitas Génova, Roma y Turín. Al final, podrás Descargar gratis Peregrinaciones (PDF).

La  pluma maravillosa de Rubén Darío, no se limitaba solamente a la poesía. También era un excepcional narrador y cronista y esto queda de manifiesto en esta obra que registra sus impresiones sobre los lugares que visitó, mientras trabajó como cronista para el diario La Nación, en España. A modo de abrebocas, los dejo con un pasaje delicioso en donde nos cuenta cuando visió la exposición de Rodin, en Francia.

RODIN

– I –

1.º de Julio de 1900.

Antes de visitar la exposición Rodin he leído todo lo que del gran artista y su obra se ha publicado, desde los ditirambos de los que le juzgan un dios, hasta los ataques en que se declara poco menos que un imbécil. La bibliografía rodiniana es ya bastante considerable. Luego, me propuse apartar de mi mente todas esas opiniones, ir sin prejuicio ninguno, a entregarme a la influencia directa de la magia artística, poniendo tan sólo de mi parte, el entusiasmo y el amor que guardo por toda labor mental de sinceridad y conciencia, por todo osado trabajador, por todo combatiente de bellos combates. Después de mi primera visita, volví varias ocasiones. Una sola estatua me ocupaba a veces una hora larga.

Imagenes Peregrinaciones

Quería oír la voz misteriosa de la plasmada materia, el canto de la línea, la revelación del oculto sentido de las formas. Me atrevo a decir -no sin cierto temor-, que comprendo a Mallarmé-en Madrid, me he sublevado contra los que no entendían la música de Vincent D’Indy; he leído a René Ghil, sacando algún provecho, cosa que parece bastante difícil; soy apasionado de Odilón Redon, de Toroop, de Rops; he publicado un ingenuo libro de admiración que se llama Los Raros… Pues bien, al hacer mi suma de impresiones sobre la obra de este potente escultor, indudablemente el primero de su tiempo, estoy desconcertado.

Los críticos de arte no me han servido para maldita la cosa, sino para amontonar a los ojos de mi pensamiento innumerables contradicciones. Ante ellos la obra rodiniana es como esos barriles de los prestidigitadores, que por una sola espita dan el licor que place a cada cual. Hay en ella lo que se le antoja a no importa quién. Es el caos y es el cosmos. El uno habla de la filosofía; el otro se ase al generoso símbolo; el otro encuentra su manía social; el otro su visión ocultista. Yo expondré, con toda la transparencia de que me siento capaz, este resumen: he hallado a dos Rodines: un Rodin maravilloso de fuerza y de gracia artística, que domina a la inmediata, vencedor en la luz, maestro plástico y prometeico encendedor de vida, y otro Rodin cultivador de la fealdad, torturador del movimiento, incomprensible, excesivo, ultraviolento, u obrando a veces como entregado a esa cosa extraña que se llama la casualidad. Procuraré explicarme.

Biografía Rubén Darío

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Autor: Laura Garcia

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